Alcohol, drogas… ¿y el consentimiento?

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Sheila

El consumo de alcohol y otras sustancias forma parte de algunos espacios de socialización y encuentros sexuales. También puede influir en la capacidad para evaluar riesgos, establecer límites y tomar decisiones sobre la salud sexual. La OMS estima que el consumo nocivo de alcohol provoca más de 3 millones de muertes al año, equivalentes al 5,3% de todas las muertes a nivel mundial. Y entre sus múltiples efectos, está su relación con conductas sexuales de mayor vulnerabilidad.

Las investigaciones son claras al respecto. Un metaanálisis publicado en The Lancet encontró que el consumo excesivo de alcohol puede aumentar entre 40% y 60% la probabilidad de tener relaciones sexuales sin protección, dependiendo del contexto y la población estudiada. Esto no significa que todas las personas que consumen alcohol tengan prácticas de riesgo. Significa que, bajo sus efectos, la capacidad de analizar consecuencias puede verse reducida.

En América Latina ese contexto importa. Según ONUSIDA, en la región viven aproximadamente 2,5 millones de personas con VIH y durante 2024 se produjeron alrededor de 120.000 nuevas adquisiciones. El VIH puede prevenirse con herramientas como el condón, la PrEP y el tratamiento oportuno. Pero cuando hay alcohol o drogas de por medio, mantener esas medidas de forma consistente se vuelve más difícil.

Consentir implica estar en condiciones de decidir

El consentimiento no es solo decir “sí”. Para que sea válido, todas las personas involucradas deben poder entender la situación y expresar su decisión libremente. Una persona inconsciente, profundamente intoxicada o incapaz de comunicarse no puede otorgar consentimiento. El cuidado no solo implica pensar en la propia seguridad. También implica respetar la capacidad de decisión de la otra persona.

Gestionar riesgos también es una forma de autocuidado. Anticipar situaciones posibles y tomar medidas antes de que ocurran reduce consecuencias negativas. Algunas estrategias concretas:

  • Llevar condones y lubricante si existe la posibilidad de tener relaciones sexuales.
  • Conversar previamente sobre límites y acuerdos.
  • Planificar cómo regresar a casa de manera segura.
  • Evitar consumir sustancias desconocidas o mezclarlas.
  • Mantener contacto con amistades o personas de confianza.
  • Respetar siempre los límites propios y ajenos.

Hablar de consentimiento, prevención y gestión de riesgos no busca limitar la sexualidad. Al contrario: busca dar herramientas para vivirla de forma más segura, informada y libre. El placer y la prevención no son opuestos. La información basada en evidencia permite tomar mejores decisiones, proteger la salud sexual y evitar situaciones con consecuencias a largo plazo.

En AHF Colombia promovemos una sexualidad informada, basada en el consentimiento, el respeto y el acceso a herramientas efectivas de prevención del VIH y otras ITS.