La higiene sexual no se trata solo de ducharse antes y después del sexo. Es una forma de conocer y cuidar tu cuerpo, de disfrutar sin miedo y de entender que los pequeños hábitos también son parte de la prevención. En Colombia, todavía se habla poco sobre lo que pasa entre el deseo y el cuidado, sobre esos detalles que marcan la diferencia cuando se trata de salud sexual.
Mantener la higiene adecuada es tan importante como usar condón o hacerse chequeos periódicos. Antes del encuentro, limpiar la zona genital con agua tibia y jabón neutro es suficiente; no hacen falta productos con fragancias ni desinfectantes. Esos químicos alteran el pH y pueden causar irritación o infecciones.
Si vas a usar juguetes, lávalos bien antes y después, sécalos completamente y guárdalos en un lugar limpio. Compartirlos sin protección también puede transmitir ITS, aunque no haya penetración.
Después del sexo, no hace falta exagerar. Bañarte con agua y jabón suave, orinar y cambiarte la ropa interior son gestos simples que ayudan a evitar molestias. Evita usar alcohol, toallas desinfectantes o productos “antibacteriales”: la piel y las mucosas son sensibles, y el exceso de limpieza puede ser tan dañino como no hacer nada.
La higiene sexual no reemplaza el condón, la PrEP ni las pruebas, pero sí es parte del autocuidado y la prevención integral. Hablar de esto no debería generar vergüenza. Cuidar tu cuerpo no es una señal de obsesión ni de desconfianza, es un acto de respeto y placer.
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